Iwasaki consigue darle un efecto siniestro a la narración cuando añade elementos como las manos, las cuales repite de forma constante que son blancas. Justo después, pone en juego el hacha en la escena, lo cual agranda la tensión de la narración. Por último, la escena que crea a partir de los supuestos gritos del padre, que podemos oírlos a través de la narración, nos redondean una tragedia.
El narrador hace uso de referencias infantiles que todos conocemos (Tarzán, el Capitán Garfio) para darle a esta historia un tinte más siniestro, sobre un niño que sufre bullying y quiere que su padre, un hombre corriente, sea un superhéroe o un villano para que lo proteja. La violencia en el texto está implícita, dado que con los pocos detalles que nos da el autor sobre la situación del niño, y sin necesidad de entrar a describir la escena, obtenemos claramente la imagen de cómo le corta a su padre la mano con el cuchillo de cortar carne para que se convierta en el Capitán Garfio. Pero también queda la duda de a quién pertenece la sangre del cuchillo que le enseñó Gómez, o por qué aúlla el papá de Mendoza.
En primer lugar, el narrador tiene un peso importante: al ser un niño quien narra, el receptor espera una inocencia, que si bien se mantiene, está combinada con unos sucesos espeluznantes. Creo que ese choque entre inocencia y brutalidad son uno de los elementos que más ayudan a Iwasaki a lograr el efecto de lo siniestro. Además, hay que mencionar que la dosificación de la información hace difícil ver de qué trata verdaderamente el fragmento hasta el último párrafo, donde inesperadamente se hace mención de un hacha. Sin embargo, el autor no solo menciona el “hacha”, sino que especifica que es el “hacha de cortar carne”, lo que añade una dimensión violenta y brutal que, de nuevo, descoloca al lector y cambia radicalmente el aura de la narración. Por último, hay escenas violentas —aunque no gráficas— que el autor logra hacer todavía más espeluznantes gracias a la narración bajo el prisma de un niño un tanto sádico que no es consciente de la magnitud de sus actos.
Creo que el primer elemento que provoca extrañeza y descoloca en el texto es el cuchillo. ¿En qué escuela es normal que un alumno lleve un cuchillo ensangrentado en la mochila y se lo enseñe a un compañero como si no pasara nada? Después, se nos da la información de que el alumno sufre agresiones de forma cotidiana en el patio del colegio, lo que nos incomoda o entristece. Esto nos ayuda a explicar el porqué de las acciones que comete el niño a continuación, pues solamente quiere sentirse poderoso utilizando la figura de su padre, quiere refugiarse en él. Por eso, decide que es buena idea cortar la mano de su padre para que se parezca al Capitán Garfio, un personaje muy reconocible que provoca temor en los niños. El autor utiliza las palabras para provocar inferencias, nos dice lo que no está escrito sirviéndose de lo que sí lo está: las palabras hacha, padre, grito y garfio nos ayudan a inferir que el niño ha mutilado a su padre, pero en el texto no se dice eso en ningún momento.
El protagonista dice que todos los padres de sus amigos son superhéroes porque utilizan cuchillos. Sin embargo, su padre no puede ser un superhéroe, ya que en lugar te utilizar cuchillos lleva un traje puesto. Pese a todo, un día el padre del protagonista estaba leyendo el periódico y cuando escuchó los aullidos del padre de Mendoza este grito mucho más fuerte y pareció un superhéroe de verdad. Observamos que en el tercer párrafo la historia pega un cambio muy grande, podríamos decir que la actitud del padre del protagonista va incrementando: primero es un hombre que lleva corbata y traje que no grita ni lleva cuchillos, pero a lo último grita y tiene más fuerza que el resto.
El efecto siniestro en este texto se logra mediante la combinación de elementos cotidianos con elementos inquietantes o inesperados para el lector. El contraste entre la percepción ordinaria de un padre corriente y la imaginación del hijo que busca en él un héroe o personaje poderoso genera una sensación de extrañeza. La dosificación del efecto siniestro se logra mediante la narración en primera persona del niño, que revela poco a poco sus pensamientos y percepciones, creando un ambiente inquietante a medida que la historia avanza y el lector descubre la complejidad de la mente del narrador infantil que es capaz de cortarle la mano a su padre para lograr que sea ese personaje ideal para él. A pesar de que no se describe directamente una escena violenta, ni siquiera hay ni un mínimo derramamiento de sangre, hay un tono sugerente y perturbador en la narración, especialmente cuando el niño menciona haber cogido un hacha y también menciona el grito de su padre como un pirata de verdad. Este giro inesperado hacia la fantasía y la posibilidad de una violencia latente contribuye al tono siniestro del texto, jugando con la percepción del lector sobre la realidad y la imaginación del narrador.
A partir de la temática infantil de cuentos de superhéroes, el narrador cuenta en primera persona, como si fuese un niño, su deseo de que su padre sea un superhéroe como los padres de sus amigos para dejar de ser víctima de bullying y que nadie vuelva a pegarle. Tras un lenguaje inocente y aparentemente plano, el narrador nos sitúa en una atmósfera siniestra a través de elementos como la palidez de la tez del padre del niño en la que se insiste bastante, el hacha de cortar la carne, la luz de la luna entrando por la ventana y los aullidos del hombre lobo, padre de Mendoza, y del padre del protagonista. Por tanto, tras situarnos en plena noche, el niño convierte a su padre en pirata ya que le corta la mano, sin hacer referencia alguna a la sangre y a ningún acto violento. Sin embargo, se trata de una escena absolutamente violenta.
Creo que al principio la historia no muestra una atmósfera siniestra, sin embargo, a medida que se va avanzando parece que esta va a desencadenar en algo trágico. La manera en la que se cuenta el suceso final no es muy explícita, es decir, no se describe directamente una atmósfera sangrienta, pero el hecho de que el niño coja un hacha y se escuche a su padre gritar puede hacernos pensar que le está cortando la mano. Iwasaki consigue el efecto de lo siniestro en el último párrafo haciendo descripciones detalladas tanto de su padre como de lo que está viendo en ese momento. Además, narrando la historia con tal lentitud se crea un ambiente inquietante donde no se sabe qué es lo que puede pasar.
Fernando Iwasaki comienza el texto de forma aparentemente inocente gracias a los elementos comunes e infantiles, pero poco a poco la historia se va tornando oscura. Lo siniestro se va dosificando hasta la máxima tensión, cuando el protagonista le corta la mano al padre. A pesar de que en ningún momento aparecen escenas violentas de forma gráfica, la violencia está implícita en todo el texto. Al releer el texto, todo resulta escalofriante, pues hasta los propios elementos que parecían tan inocentes, ahora resultan perturbadores.
Iwasaki muestra lo siniestro haciendo referencia a elementos como el cuchillo y el hacha, además de hacer incapié en la palidez del personaje. Por otro lado, en la frase “si yo fuera hijo de Conan, Skywalker o Spiderman, entonces nadie volvería a pegarme en el recreo”, da a entender que sabría cómo defenderse o que si uno de estos tres fuese su padre lo defendería quizá de manera violenta. Finalmente con "la luz de la luna y los aullidos del papá de Mendoza" el autor intenta mostrar un ambiente mas oscuro y solitario, por lo que nos hace pensar que algo malo está pasando.
Iwasaki ha conseguido el efecto de lo siniestro dandole a entender al lector la escena, no describiendo exactamente y visualmente lo que pasa. En los primeros dos párrafos pone en contexto al lector, sin que aparezca ningún signo de un cuento de terror. Después, en el tercer párrafo ya cuenta el desenlce, donde utiliza el hacha de cortar carne y el grito como elementos clave para dar a entender al lector lo que ha ocurrido y dar miedo. Además, me gustaría subrayar que el cuento pasa a dar miedo en un abrir y cerrar de ojos, y ese no saber lo que viene hace temer al lector.
Iwasaki ha conseguido crear el efecto de lo siniestro incluyendo elementos como: las manos pálidas y blancas como el mármol, la luz de la luna, el cuchillo ensangrentado o los aullidos. Lo dosifica incluyendo otros elementos más infantiles como los bigotes de mosquetero, el sustantivo pirata o el nombre propio Capital Garfio.
A pesar de que no aparecen escenas violentas, estas se pueden intuir gracias a las pistas que el autor nos da. No hay una escena en la que se corte la mano, pero el hecho de que aparezca un hacha y que se nos diga que después el padre se convierte en Capitán Garfio nos hace visualizar la escena.
En el texto se observa un clima siniestro obtenido mediante el contraste del lenguaje infantil y la violencia implícita. El lector infiere rápidamente que el narrador es un niño, ya sea por lo que cuenta o por su lenguaje. El primer elemento violento que aparece es el cuchillo manchado de sangre que muestra Gómez, y el segundo es la alusión al acoso que sufre el narrador. No se espera el giro que toma la narración en el tercer y último párrafo, lo que lo convierte en todavía más espeluznante. Ya en la descripción del entorno se percibe un tono siniestro, pues menciona elementos como la luna y los aullidos del padre de Mendoza, es decir, nos presenta un ambiente nocturno. Asimismo, hace hincapié en la tez pálida del padre. Y, finalmente, aparece el elemento que torna, definitivamente, la historia muy oscura: el hacha de cortar carne. No se expone explícitamente, pero el lector puede deducir que el niño ha cortado la mano de su padre, al aludir a sus gritos y al personaje en que se ha convertido: el Capitán Garfio. Así pues, Iwasaki, a través de la narración aparentemente inocente, los elementos violentos que van apareciendo de forma implícita y el desenlace inesperado logra, de manera brillante, el efecto de lo siniestro.
Iwasaki consigue el efecto de lo siniestro en juego entre la inocencia infantil y la crueldad del mundo real. El lector adulto, percibirá la historia como perturbadora por haber estado expuesto a los límites de la naturaleza del ser humano, es decir, porque sabe que el ser humano es capaz de llevar a cabo cosas terribles por puro placer. Lo verdaderamente siniestro del relato viene dado por la inocencia del niño; si el relato se contase desde la perspectiva de un psicópata proclamado probablemente no nos estremecería tanto como la historia de este niño que, sin ser consciente del todo de las consecuencias y de sus actos, lleva a cabo un acto tan terrible como el que se sugiere en el texto. Al leer esta historia, el lector no sufre solo por el padre, que ha quedado mutilado a manos de su propio hijo, sino por el propio hijo que lleva a cabo la acción también, pues entendemos la historia como una manifestación macabra y trágica de la inocencia de un niño.
Iwasaki consigue darle un efecto siniestro a la narración cuando añade elementos como las manos, las cuales repite de forma constante que son blancas. Justo después, pone en juego el hacha en la escena, lo cual agranda la tensión de la narración. Por último, la escena que crea a partir de los supuestos gritos del padre, que podemos oírlos a través de la narración, nos redondean una tragedia.
ResponderEliminarEl narrador hace uso de referencias infantiles que todos conocemos (Tarzán, el Capitán Garfio) para darle a esta historia un tinte más siniestro, sobre un niño que sufre bullying y quiere que su padre, un hombre corriente, sea un superhéroe o un villano para que lo proteja. La violencia en el texto está implícita, dado que con los pocos detalles que nos da el autor sobre la situación del niño, y sin necesidad de entrar a describir la escena, obtenemos claramente la imagen de cómo le corta a su padre la mano con el cuchillo de cortar carne para que se convierta en el Capitán Garfio. Pero también queda la duda de a quién pertenece la sangre del cuchillo que le enseñó Gómez, o por qué aúlla el papá de Mendoza.
ResponderEliminarEn primer lugar, el narrador tiene un peso importante: al ser un niño quien narra, el receptor espera una inocencia, que si bien se mantiene, está combinada con unos sucesos espeluznantes. Creo que ese choque entre inocencia y brutalidad son uno de los elementos que más ayudan a Iwasaki a lograr el efecto de lo siniestro. Además, hay que mencionar que la dosificación de la información hace difícil ver de qué trata verdaderamente el fragmento hasta el último párrafo, donde inesperadamente se hace mención de un hacha. Sin embargo, el autor no solo menciona el “hacha”, sino que especifica que es el “hacha de cortar carne”, lo que añade una dimensión violenta y brutal que, de nuevo, descoloca al lector y cambia radicalmente el aura de la narración. Por último, hay escenas violentas —aunque no gráficas— que el autor logra hacer todavía más espeluznantes gracias a la narración bajo el prisma de un niño un tanto sádico que no es consciente de la magnitud de sus actos.
ResponderEliminarCreo que el primer elemento que provoca extrañeza y descoloca en el texto es el cuchillo. ¿En qué escuela es normal que un alumno lleve un cuchillo ensangrentado en la mochila y se lo enseñe a un compañero como si no pasara nada? Después, se nos da la información de que el alumno sufre agresiones de forma cotidiana en el patio del colegio, lo que nos incomoda o entristece. Esto nos ayuda a explicar el porqué de las acciones que comete el niño a continuación, pues solamente quiere sentirse poderoso utilizando la figura de su padre, quiere refugiarse en él. Por eso, decide que es buena idea cortar la mano de su padre para que se parezca al Capitán Garfio, un personaje muy reconocible que provoca temor en los niños. El autor utiliza las palabras para provocar inferencias, nos dice lo que no está escrito sirviéndose de lo que sí lo está: las palabras hacha, padre, grito y garfio nos ayudan a inferir que el niño ha mutilado a su padre, pero en el texto no se dice eso en ningún momento.
ResponderEliminarEl protagonista dice que todos los padres de sus amigos son superhéroes porque utilizan cuchillos. Sin embargo, su padre no puede ser un superhéroe, ya que en lugar te utilizar cuchillos lleva un traje puesto.
ResponderEliminarPese a todo, un día el padre del protagonista estaba leyendo el periódico y cuando escuchó los aullidos del padre de Mendoza este grito mucho más fuerte y pareció un superhéroe de verdad.
Observamos que en el tercer párrafo la historia pega un cambio muy grande, podríamos decir que la actitud del padre del protagonista va incrementando: primero es un hombre que lleva corbata y traje que no grita ni lleva cuchillos, pero a lo último grita y tiene más fuerza que el resto.
El efecto siniestro en este texto se logra mediante la combinación de elementos cotidianos con elementos inquietantes o inesperados para el lector. El contraste entre la percepción ordinaria de un padre corriente y la imaginación del hijo que busca en él un héroe o personaje poderoso genera una sensación de extrañeza. La dosificación del efecto siniestro se logra mediante la narración en primera persona del niño, que revela poco a poco sus pensamientos y percepciones, creando un ambiente inquietante a medida que la historia avanza y el lector descubre la complejidad de la mente del narrador infantil que es capaz de cortarle la mano a su padre para lograr que sea ese personaje ideal para él. A pesar de que no se describe directamente una escena violenta, ni siquiera hay ni un mínimo derramamiento de sangre, hay un tono sugerente y perturbador en la narración, especialmente cuando el niño menciona haber cogido un hacha y también menciona el grito de su padre como un pirata de verdad. Este giro inesperado hacia la fantasía y la posibilidad de una violencia latente contribuye al tono siniestro del texto, jugando con la percepción del lector sobre la realidad y la imaginación del narrador.
ResponderEliminarA partir de la temática infantil de cuentos de superhéroes, el narrador cuenta en primera persona, como si fuese un niño, su deseo de que su padre sea un superhéroe como los padres de sus amigos para dejar de ser víctima de bullying y que nadie vuelva a pegarle.
ResponderEliminarTras un lenguaje inocente y aparentemente plano, el narrador nos sitúa en una atmósfera siniestra a través de elementos como la palidez de la tez del padre del niño en la que se insiste bastante, el hacha de cortar la carne, la luz de la luna entrando por la ventana y los aullidos del hombre lobo, padre de Mendoza, y del padre del protagonista. Por tanto, tras situarnos en plena noche, el niño convierte a su padre en pirata ya que le corta la mano, sin hacer referencia alguna a la sangre y a ningún acto violento. Sin embargo, se trata de una escena absolutamente violenta.
Creo que al principio la historia no muestra una atmósfera siniestra, sin embargo, a medida que se va avanzando parece que esta va a desencadenar en algo trágico. La manera en la que se cuenta el suceso final no es muy explícita, es decir, no se describe directamente una atmósfera sangrienta, pero el hecho de que el niño coja un hacha y se escuche a su padre gritar puede hacernos pensar que le está cortando la mano.
ResponderEliminarIwasaki consigue el efecto de lo siniestro en el último párrafo haciendo descripciones detalladas tanto de su padre como de lo que está viendo en ese momento. Además, narrando la historia con tal lentitud se crea un ambiente inquietante donde no se sabe qué es lo que puede pasar.
Fernando Iwasaki comienza el texto de forma aparentemente inocente gracias a los elementos comunes e infantiles, pero poco a poco la historia se va tornando oscura. Lo siniestro se va dosificando hasta la máxima tensión, cuando el protagonista le corta la mano al padre. A pesar de que en ningún momento aparecen escenas violentas de forma gráfica, la violencia está implícita en todo el texto. Al releer el texto, todo resulta escalofriante, pues hasta los propios elementos que parecían tan inocentes, ahora resultan perturbadores.
ResponderEliminarIwasaki muestra lo siniestro haciendo referencia a elementos como el cuchillo y el hacha, además de hacer incapié en la palidez del personaje.
ResponderEliminarPor otro lado, en la frase “si yo fuera hijo de Conan, Skywalker o Spiderman, entonces nadie volvería a pegarme en el recreo”, da a entender que sabría cómo defenderse o que si uno de estos tres fuese su padre lo defendería quizá de manera violenta.
Finalmente con "la luz de la luna y los aullidos del papá de Mendoza" el autor intenta mostrar un ambiente mas oscuro y solitario, por lo que nos hace pensar que algo malo está pasando.
Iwasaki ha conseguido el efecto de lo siniestro dandole a entender al lector la escena,
ResponderEliminarno describiendo exactamente y visualmente lo que pasa. En los primeros dos párrafos pone en contexto al lector, sin que aparezca ningún signo de un cuento de terror. Después, en el tercer párrafo ya cuenta el desenlce, donde utiliza el hacha de cortar carne y el grito como elementos clave para dar a entender al lector lo que ha ocurrido y dar miedo. Además, me gustaría subrayar que el cuento pasa a dar miedo en un abrir y cerrar de ojos, y ese no saber lo que viene hace temer al lector.
Iwasaki ha conseguido crear el efecto de lo siniestro incluyendo elementos como: las manos pálidas y blancas como el mármol, la luz de la luna, el cuchillo ensangrentado o los aullidos. Lo dosifica incluyendo otros elementos más infantiles como los bigotes de mosquetero, el sustantivo pirata o el nombre propio Capital Garfio.
ResponderEliminarA pesar de que no aparecen escenas violentas, estas se pueden intuir gracias a las pistas que el autor nos da. No hay una escena en la que se corte la mano, pero el hecho de que aparezca un hacha y que se nos diga que después el padre se convierte en Capitán Garfio nos hace visualizar la escena.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEn el texto se observa un clima siniestro obtenido mediante el contraste del lenguaje infantil y la violencia implícita. El lector infiere rápidamente que el narrador es un niño, ya sea por lo que cuenta o por su lenguaje. El primer elemento violento que aparece es el cuchillo manchado de sangre que muestra Gómez, y el segundo es la alusión al acoso que sufre el narrador. No se espera el giro que toma la narración en el tercer y último párrafo, lo que lo convierte en todavía más espeluznante. Ya en la descripción del entorno se percibe un tono siniestro, pues menciona elementos como la luna y los aullidos del padre de Mendoza, es decir, nos presenta un ambiente nocturno. Asimismo, hace hincapié en la tez pálida del padre. Y, finalmente, aparece el elemento que torna, definitivamente, la historia muy oscura: el hacha de cortar carne. No se expone explícitamente, pero el lector puede deducir que el niño ha cortado la mano de su padre, al aludir a sus gritos y al personaje en que se ha convertido: el Capitán Garfio.
ResponderEliminarAsí pues, Iwasaki, a través de la narración aparentemente inocente, los elementos violentos que van apareciendo de forma implícita y el desenlace inesperado logra, de manera brillante, el efecto de lo siniestro.
Iwasaki consigue el efecto de lo siniestro en juego entre la inocencia infantil y la crueldad del mundo real. El lector adulto, percibirá la historia como perturbadora por haber estado expuesto a los límites de la naturaleza del ser humano, es decir, porque sabe que el ser humano es capaz de llevar a cabo cosas terribles por puro placer. Lo verdaderamente siniestro del relato viene dado por la inocencia del niño; si el relato se contase desde la perspectiva de un psicópata proclamado probablemente no nos estremecería tanto como la historia de este niño que, sin ser consciente del todo de las consecuencias y de sus actos, lleva a cabo un acto tan terrible como el que se sugiere en el texto. Al leer esta historia, el lector no sufre solo por el padre, que ha quedado mutilado a manos de su propio hijo, sino por el propio hijo que lleva a cabo la acción también, pues entendemos la historia como una manifestación macabra y trágica de la inocencia de un niño.
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